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Lunes, 21 Enero 2013 23:16

Aventuras y desventuras de un marino bejarano: Tomás Olleros Mansilla (I)

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 Aventuras y desventuras de un marino bejarano: Tomás Olleros Mansilla (I)

            Después de leer hace casi un año el artículo de José Antonio Sánchez Paso en el especial de este mismo tomas olleros mansilla 1 20121211 1844897043semanario con el título de “Bejaranos en el Diccionario Biográfico Español”, quiero hacer una reseña corta sobre la vida de un paisano nuestro que es citado en dicho artículo y por el que me interesé quizás por las escasas
noticias que de su persona se parecían tener. De hecho, en el análisis de personajes bejaranos introducidos en el Diccionario Geográfico Español, Sánchez Paso apuntaba que “de entre todas las fichas que he hallado, la más anecdótica es la de un bejarano que fue marino, Tomás Olleros Mansilla, del que espero con apremio y curiosidad su biografía entera”.

            A poco, y gracias a Mariano Gosálvez, llegó a mis manos una biografía publicada, en edición numerada y no venal, del marino bejarano escrita por Manuel Olleros González de Eiris, colaborador de este semanario y fallecido recientemente. Con entusiasmo el autor aborda las aventuras y desventuras de Tomás Olleros allende los mares, ora en Cuba y Puerto Rico, ora en Filipinas, ora en las costas de África. Como homenaje a Manuel Olleros y con el fin de dar a conocer la vida de este marino redacto estas líneas cuyos datos están enteramente extraídos de su pequeña biografía, arriba aludida.

            Tomás Olleros Mansilla nació en Béjar el 14 de agosto de 1838, hijo de Anselmo Olleros Pérez y de Petra Mansilla Ramos del Manzano. Desde niño gustó de cuentos de piratas y filibusteros, a pesar de que el mar se encontraba muy lejos de estas sierras nevadas. No sabemos si fue su fértil imaginación o en verdad fuese su verdadera vocación, el caso es que en 1849 don Anselmo escribió una instancia a Isabel II en la que declaraba que su hijo Tomás, niño entonces de 10 años, “desea dedicar a la carrera de las armas en el Cuerpo General de la Armada por la que demuestra especial afición”.

            Ingresa entonces en el Colegio Naval Militar de San Carlos y, tras tres años de dura disciplina, en 1856 sienta plaza de Guardamarina de 2ª clase embarcando en la corbeta “Isabel 2ª” para pasar posteriormente a la fragata “Esperanza” y luego a un barco de vapor donde realiza su primer recorrido marítimo, el primero de tantos, surcando las aguas del océano Atlántico desde Cádiz a Cuba.

            Tras un año de estancia en La Habana, recorriendo los litorales de la costa cubana, vuelve enfermo a la península. Poco después, en 1858, se embarca de nuevo en una misión que tiene como objetivo navegar hasta Fernando Poo y Guinea para estudiar las mareas en lo que se puede llamar una exploración científica. Después marcha de nuevo a puerto Rico (1859) y luego a Montevideo y Buenos Aires (1860- 1861), siendo nombrado Alférez de Navío.

            En 1864 se dirige hacia Filipinas como Segundo Comandante y Ayudante de Derrota en la corbeta “Circe”, cuyo cometido consistía en el traslado de tropas, enfermos y heridos, además de la protección de convoyes. Durante este tiempo navegará por las costas del Mar Índico, de puerto en puerto, contemplando a gentes de las más variadas razas, escuchando lenguas desconocidas, descubriendo especies animales prácticamente vírgenes a los ojos humanos. Por fin, en 1867 es nombrado Comandante del cañonero “Bojeador” y más tarde del “Volcán de Albay”, siendo ascendido en 1868 a Teniente de Navío de Segunda Clase.

            Tomás era por entonces un hombre serio, delgado y moreno, de carácter enérgico aunque cordial, de buen humor y generoso. Es muy interesante leer las anécdotas sobre su persona en la biografía que escribió Manuel Olleros, recabando información suya por los lugares más insospechados, recogiendo testimonios orales que para todo historiador tienen la validez de documento escrito. Una dice mucho de la bravura de don Tomás. Ante la presencia de un dolor de muelas considerable, el capitán se hizo sacar la muela cariada en plena navegación por el barbero de la nave, quien por desgracias del destino le extrajo una completamente sana. Ni que decir tiene que la sacó a dolor vivo sin que el paciente exhalase una sola queja. Viendo lo sucedido, don Tomás le instó a que hiciese la misma operación con la enferma y que colocase la extraída y sana en el mismo lugar en que estaba. La pieza la conservó hasta su muerte.

            Entre 1870 y 1873 navegó de nuevo el Atlántico con destino a San Juan de Puerto Rico y de ahí a La
El Tornado apresando a El VirginiaHabana. Al finalizar se le confirió a la tripulación de la corbeta “Tornado” como Segundo Comandante, participando en el apresamiento del buque norteamericano “Virginius” que portaba armas para los rebeldes cubanos, y el del vapor filibustero “Horbet”. Más tarde pasó a ser comandante del cañonero “Descubridor” y del “Inomuri”, cuya misión era el traslado de tropas, enfermos y heridos, además de la protección de convoyes. Cuando concluya será ascendido a Teniente de Navío de 1ª Clase.

            Por sus servicios en pro de los intereses nacionales le son concedidas la Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco de 2ª Clase y la Medalla de Cuba.

            A su vuelta y ya de permiso, en ese mismo año de 1873 y en pleno conflicto cantonal, decide alistarse para frenar la insurrección de Cartagena. El ministro no se lo permite, aunque sí acabaría participando en la escuadra de protección del Ejército del Norte en el tercer sitio de Bilbao como Comandante de la goleta “Buenaventura” (un cajón de madera de escasas posibilidades de maniobra), en primera línea de combate. Con su nueva nave protegió del asedio carlista a Portugalete y Bilbao, realizando incursiones en tierra con sus hombres para asaltar puestos enemigos en misiones muy arriesgadas. Desde Sestao se les cañonea constantemente, respondiendo el “Buenaventura” de la misma forma, concluyendo la batalla con varios muertos y la nave bastante dañada. En una situación desesperada, don Tomás logra evadirse de una derrota segura escapando gracias a la ayuda del “Gaditano”. El valor que demostró aguantando a la desesperada durante varios días destrozando en lo que pudo la artillería enemiga y salvando en el último momento, gracias a maniobras arriesgadas y a la vez diestras, a su propia tripulación le valió la concesión de la Cruz de San Fernando y el ingreso en dicha orden militar.

(Continuará)

 

Mª del Carmen Cascón Matas

 

PIES DE FOTO:

Foto 1: Fotografía de Tomás de Olleros Mansilla recogida en el libro de Manuel Olleros.

Foto 2: Apresamiento del “Virginius” por el “Tornado”, en el que Tomás Olleros navegaba como Segundo Comandante. 

 

Visto 4633 veces Modificado por última vez en Martes, 22 Enero 2013 00:02

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