Archivo Fotográfico y documental de Béjar

Impresiones, reflexiones y emociones de "Béjar, el placer del recuerdo" 

Carmen Cascón Matas.
En un Teatro Cervantes abarrotado de público, Antonio Sánchez Sánchez, amigo y colega bloggero, presentó su segundo libro dedicado a la recopilación de imágenes fotográficas antiguas de nuestra ciudad. La cita, que tuvo lugar el sábado por la tarde, había sido anunciada con la suficiente antelación como para que el público deseara expectante que el día llegara. Y llegó, efectivamente, y será recordado, no lo dudes querido Antonio.

Nos lo pasamos bien contigo y disfrutamos del trabajo inmensamente minucioso y cansado que supone el rastrear archivos públicos y viejos álbumes de fotos privadas, atesoradas como oro en paño en las casas de bejaranos ausentes y presentes, pero con alto riesgo de que el olvido y la desidia acaben tragándose los retazos de otras vidas ahí congeladas. 

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La gala comenzó con la presentación de Luis Francisco Martín y el prólogo de lujo de la bejaranaMaite Conesa, de la Filmoteca Regional de Castilla y León (con sede en Salamanca), quien nos preparó con sus sabias y sentidas palabras para el duro proceso mental que supone el recuerdo amargo y dulce de la contemplación de nuestro pasado a través de viejas y añejas imágenes. El escenario en todo momento lució una cara simpática, pues no en vano Óscar Rivadeneyra es un maestro en casi todo y más a la hora de impactarnos visualmente. Cuando saliste al escenario, Antonio, no lo hacías solo porque tenías allí a Cañanda (personaje bejarano muy popular, ya fallecido) enfundado en su traje de payaso, listo para salir al ruedo de la plaza a hacer reír a chicos y grandes. No podía salir de su cárcel de papel fotográfico, pero te puedo asegurar que sonreía mientras nos explicabas con garbo y gracia la sucesión de fotografías que, sin ti, hubiesen quedado relegadas al olvido.

¿Las fotografías son imágenes del recuerdo? El libro de Antonio se titula Béjar. El placer del recuerdo. Maite dijo al inicio de la presentación que a veces la contemplación del pasado no provoca placer, sino un sentimiento amargo de tiempo fugado sin remedio, de caras perdidas en la vorágine de los días, congeladas en la quietud inmóvil del papel fotográfico. Sin embargo, en el Teatro Cervantes me dio la impresión de que aquellos bejaranos nos saludaban desde el presente porque revivían en nuestra mente y corazones, haciéndose carne de nuevo a través del proceso complejo de la unión del pensamiento y el sentimiento, con más potencia si cabe al llevarse a cabo al unísono entre tantos paisanos allí reunidos.

Y lo bueno de tu trabajo, Antonio, es que no lo das a conocer una noche, disipándolo a medida que pasa una imagen y otra, sin solución de continuidad, sino que lo ofreces al público por medio de un libro ilustrado para que los lectores puedan revivir a esos bejaranos encerrados en el papel del pasado una y otra vez, en su casa, sin prisas. El libro, de pasta dura, consta de 160 páginas y se abre con una fotografía popular de un grupo de bejaranos en la Plaza Mayor, encabezados por un hombre tocando el tamboril y el famoso Cañanda, rodeando a una oveja. Los tenderetes de la Plaza le otorgan cierto aire festivo, mientras que el Palacio Ducal, mudo y sombrío, mira de reojo la escena, imponiéndola una severidad que los rostros festivos de los congregados desmienten. Tras el sumario y los agradecimientos a aquellos que han desempolvado de sus cajones las fotografías de sus seres queridos, poniéndolas en manos de Antonio para deleite de ojos ajenos, el propio editor del libro a la vez que recopilador, presenta estas páginas prologadas por Maite Conesa.

Una vez traspasado el umbral de las presentaciones, se abre un mundo conocido y alojado en el cuarto del olvido para algunos y nuevo y por descubrir para otros. Las fotografías, en todo caso, se agrupan de manera coherente y razonable, mediante nueve capítulos temáticos. De esta forma, los propios fotógrafos copan el primer capítulo, mientras que los restantes están dedicados a la ciudad y sus gentes, sus costumbres y tradiciones, su industria y modos de vida. En total 160 páginas de un mundo muerto, vivo en el instante mismo en que fue congelado para nosotros, ávidos contempladores de lo ajeno, por un paparazzi de otros tiempos. Unas 250 fotografías recopiladas por Antonio con cariño y dedicación con el fin de que disfrutemos de ellas.

Y como él mismo escribe a modo de presentación:
Volveremos los ojos hacia nosotros mismos sintonizando en blanco y negro nuestra carta de ajuste porque “Nada pertenece al pasado mientras los ojos de la memoria permanezcan abiertos”.

*Además Antonio presentaba en sociedad su nueva página web Documentos Béjar, cuya visita recomiendo.

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