Archivo Fotográfico y documental de Béjar

IMAGENES AL AZAR

Documentos Béjar

Nace el día 21 de mayo de 2009. Comienza su andadura con el blog http://documentosdebejar.blogspot.com.es, con una media anual de más de 50.000 entradas de un total de 117 países diferentes. Entre otros su cometido no es otro que el conservar el patrimonio fotográfico y documental creando una ephemera. Con el término "Ephemera" en el siglo XIX se aludía a algo de vida corta o transitoria como plantas e insectos que consuman su ciclo de su vida en un fugaz periodo. La palabra deriva del griego y significa, “cosas que no duran más de un día”.

Aventuras y desventuras de un marino bejarano: Tomás Olleros Mansilla (y II)

 

            En 1874 se le nombra Secretario de la Comandancia de Marina del Norte con la misión de participar en las grandes maniobras de estrategia en las grandes operaciones de la escuadra contra el ejército carlista, aún no derrotado. El 18 de marzo de 1874, ya en tierra, tuvo el privilegio de conferenciar con el general Serrano y el comandante Topete, Ministro de Marina, para lo cual se vio precisado a caminar varias leguas a caballo y a pie bajo fuego enemigo. El 2 de mayo los carlistas rindieron el sitio de Bilbao y don Tomás trasladó en su buque “Buenaventura” al general Serrano. El 2 de noviembre es nombrado comandante de la goleta “Caridad” y se le encarga el transporte del cadáver del infante don Sebastián de Borbón, que había luchado en el bando carlista, desde Bayona. 

            Entre 1876 y 1878 se embarca hacia Cuba con el grado de Teniente de Navío de 1ª Clase y Teniente Coronel de Infantería de Marina, ascenso que se le otorgó por sus servicios prestados en la escuadra del Cantábrico, como vimos anteriormente. A su vuelta lo hará ya con el grado de Coronel del Ejército concedido el 18 de febrero de 1878. Su misión en la isla se centrará en la neutralización de la revolución cubana que culminará con la firma de la Paz de Zanjón de 1878. Don Tomás llevaría en más de una ocasión en su nave al General Martínez Campos y a sus tropas, combatiría de manera directa a los rebeldes y organizaría las escuadras para el ataque. El día 30 de junio de 1877, mientras se estaba produciendo su matrimonio por poderes en España, él se encontraba en una expedición de enfrentamiento y castigo al enemigo. A su vuelta sería condecorado con la Cruz del Mérito Naval de 3ª Clase con distintivo rojo.

            El marino bejarano conoció con cuarenta años en una de sus estancias peninsulares entre embarque y embarque, a la gaditana de familia de marinos Mª de los Milagros Vernacci Moreau, casándose en 1878 y teniendo un hijo, Tomás, que murió en la niñez. Siempre llevaba actualizado un diario, como todo buen surcador de los mares, y en él apuntaba destinos, peligros, lugares y pensamientos. Parece ser que nunca tuvo deseos de inmiscuirse en asuntos políticos.

            Después de solo cuatro meses de descanso, don Tomás sería destinado de nuevo a Filipinas en 1879. Sin embargo, ya no navegaba solo, pues su mujer le acompañaba con la intención de poner casa en Manila. Ahora al mando como comandante de de la corbeta “María de Molina” y nombrado Ayudante mayor del arsenal de Cavite, además de Capitán de Fragata, visitará Corea, China y Japón fondeando en los principales puertos. Tras un año sin tener noticias de él, su esposa inició un peligroso viaje de búsqueda en un barco inglés con destino a Pekín desde Manila en 1880. Debido a una fuerte tormenta el capitán del navío precisó a atar a la dama a uno de los mástiles, pero, a pesar de estas aventuras, Mª de los Milagros llegó a buen puerto y su objetivo se vio cumplido. El 22 de enero de 1882 Tomás Olleros Mansilla con su fragata “María de Molina”, dos compañías de infantería de Marina y el cañonero “Panay” tomó posesión en nombre de España de las islas Tawi Tawi en Borneo, construyendo varias fortificaciones.

            Al finalizar la misión, se trasladó a Béjar con el objetivo de ver a sus parientes y amigos. Le acompañaba su hermano Anselmo Olleros Mansilla, militar del Estado Mayor del Ejército, y su equipaje iba plagado de regalos exóticos.

            En 1884 volvió al mar destinado a la Comandancia de Marina y Capitanía del puerto de Ilo-Ilo en la isla de Panay (Filipinas). En 1886 regresa a Madrid para no volver a embarcar. De sus 47 años, 33 vieron surcar océanos, mares, tierras, razas, religiones y lenguas. A partir es este momento, quedará a las órdenes del Ministro de Marina por sus conocimientos administrativos y organizativos. Pasa de cargo en cargo, siempre valorándose su amplia experiencia: Oficial de 1º y Director de Personal del ministerio, Vocal de la Comisión de la Conmemoración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, miembro de la Comisión Mixta de Guerra y Marina. En 1889 asciende a Capitán de Navío y en 1890 se le nombra Secretario del Consejo Superior de la Marina.

            Se dice que es por entonces, llevando una vida sosegada, cuando hace sus pinitos en pintura, dibujo y poesía. Con él, ya trasladada su casa desde Manila, su fiel esposa Mª de los Milagros y su mascota, una mona traída desde Filipinas que pasean por las calles de Madrid atada a una cuerda, como si de un perrillo se tratara.

            El 3 de septiembre de 1890 moría don Tomás en Madrid de una “pulmonía infecciosa” a los 52 años. Milagros decidió ingresar en el monasterio de la Visitación de Santa María de Madrid (Salesas) en 1893 hasta el final de sus días en 1907.

 

Mª del Carmen Cascón Matas

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

OLLEROS DE EIRIS, M.: “Tomás Olleros Mansilla”. Edición no venal y reducida.

AGERO TEIXIDOR, R.: “Un marino bejarano”. Béjar en Madrid, 1967.

SÁNCHEZ PASO, J.A.: “Bejaranos en el Diccionario biográfico español”. Especial Béjar en Madrid, 2009, nº 4.580.

 

 

 

 Aventuras y desventuras de un marino bejarano: Tomás Olleros Mansilla (I)

            Después de leer hace casi un año el artículo de José Antonio Sánchez Paso en el especial de este mismo tomas olleros mansilla 1 20121211 1844897043semanario con el título de “Bejaranos en el Diccionario Biográfico Español”, quiero hacer una reseña corta sobre la vida de un paisano nuestro que es citado en dicho artículo y por el que me interesé quizás por las escasas
noticias que de su persona se parecían tener. De hecho, en el análisis de personajes bejaranos introducidos en el Diccionario Geográfico Español, Sánchez Paso apuntaba que “de entre todas las fichas que he hallado, la más anecdótica es la de un bejarano que fue marino, Tomás Olleros Mansilla, del que espero con apremio y curiosidad su biografía entera”.

            A poco, y gracias a Mariano Gosálvez, llegó a mis manos una biografía publicada, en edición numerada y no venal, del marino bejarano escrita por Manuel Olleros González de Eiris, colaborador de este semanario y fallecido recientemente. Con entusiasmo el autor aborda las aventuras y desventuras de Tomás Olleros allende los mares, ora en Cuba y Puerto Rico, ora en Filipinas, ora en las costas de África. Como homenaje a Manuel Olleros y con el fin de dar a conocer la vida de este marino redacto estas líneas cuyos datos están enteramente extraídos de su pequeña biografía, arriba aludida.

            Tomás Olleros Mansilla nació en Béjar el 14 de agosto de 1838, hijo de Anselmo Olleros Pérez y de Petra Mansilla Ramos del Manzano. Desde niño gustó de cuentos de piratas y filibusteros, a pesar de que el mar se encontraba muy lejos de estas sierras nevadas. No sabemos si fue su fértil imaginación o en verdad fuese su verdadera vocación, el caso es que en 1849 don Anselmo escribió una instancia a Isabel II en la que declaraba que su hijo Tomás, niño entonces de 10 años, “desea dedicar a la carrera de las armas en el Cuerpo General de la Armada por la que demuestra especial afición”.

            Ingresa entonces en el Colegio Naval Militar de San Carlos y, tras tres años de dura disciplina, en 1856 sienta plaza de Guardamarina de 2ª clase embarcando en la corbeta “Isabel 2ª” para pasar posteriormente a la fragata “Esperanza” y luego a un barco de vapor donde realiza su primer recorrido marítimo, el primero de tantos, surcando las aguas del océano Atlántico desde Cádiz a Cuba.

            Tras un año de estancia en La Habana, recorriendo los litorales de la costa cubana, vuelve enfermo a la península. Poco después, en 1858, se embarca de nuevo en una misión que tiene como objetivo navegar hasta Fernando Poo y Guinea para estudiar las mareas en lo que se puede llamar una exploración científica. Después marcha de nuevo a puerto Rico (1859) y luego a Montevideo y Buenos Aires (1860- 1861), siendo nombrado Alférez de Navío.

            En 1864 se dirige hacia Filipinas como Segundo Comandante y Ayudante de Derrota en la corbeta “Circe”, cuyo cometido consistía en el traslado de tropas, enfermos y heridos, además de la protección de convoyes. Durante este tiempo navegará por las costas del Mar Índico, de puerto en puerto, contemplando a gentes de las más variadas razas, escuchando lenguas desconocidas, descubriendo especies animales prácticamente vírgenes a los ojos humanos. Por fin, en 1867 es nombrado Comandante del cañonero “Bojeador” y más tarde del “Volcán de Albay”, siendo ascendido en 1868 a Teniente de Navío de Segunda Clase.

            Tomás era por entonces un hombre serio, delgado y moreno, de carácter enérgico aunque cordial, de buen humor y generoso. Es muy interesante leer las anécdotas sobre su persona en la biografía que escribió Manuel Olleros, recabando información suya por los lugares más insospechados, recogiendo testimonios orales que para todo historiador tienen la validez de documento escrito. Una dice mucho de la bravura de don Tomás. Ante la presencia de un dolor de muelas considerable, el capitán se hizo sacar la muela cariada en plena navegación por el barbero de la nave, quien por desgracias del destino le extrajo una completamente sana. Ni que decir tiene que la sacó a dolor vivo sin que el paciente exhalase una sola queja. Viendo lo sucedido, don Tomás le instó a que hiciese la misma operación con la enferma y que colocase la extraída y sana en el mismo lugar en que estaba. La pieza la conservó hasta su muerte.

            Entre 1870 y 1873 navegó de nuevo el Atlántico con destino a San Juan de Puerto Rico y de ahí a La
Habana. Al finalizar se le confirió a la tripulación de la corbeta “Tornado” como Segundo Comandante, participando en el apresamiento del buque norteamericano “Virginius” que portaba armas para los rebeldes cubanos, y el del vapor filibustero “Horbet”. Más tarde pasó a ser comandante del cañonero “Descubridor” y del “Inomuri”, cuya misión era el traslado de tropas, enfermos y heridos, además de la protección de convoyes. Cuando concluya será ascendido a Teniente de Navío de 1ª Clase.

            Por sus servicios en pro de los intereses nacionales le son concedidas la Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco de 2ª Clase y la Medalla de Cuba.

            A su vuelta y ya de permiso, en ese mismo año de 1873 y en pleno conflicto cantonal, decide alistarse para frenar la insurrección de Cartagena. El ministro no se lo permite, aunque sí acabaría participando en la escuadra de protección del Ejército del Norte en el tercer sitio de Bilbao como Comandante de la goleta “Buenaventura” (un cajón de madera de escasas posibilidades de maniobra), en primera línea de combate. Con su nueva nave protegió del asedio carlista a Portugalete y Bilbao, realizando incursiones en tierra con sus hombres para asaltar puestos enemigos en misiones muy arriesgadas. Desde Sestao se les cañonea constantemente, respondiendo el “Buenaventura” de la misma forma, concluyendo la batalla con varios muertos y la nave bastante dañada. En una situación desesperada, don Tomás logra evadirse de una derrota segura escapando gracias a la ayuda del “Gaditano”. El valor que demostró aguantando a la desesperada durante varios días destrozando en lo que pudo la artillería enemiga y salvando en el último momento, gracias a maniobras arriesgadas y a la vez diestras, a su propia tripulación le valió la concesión de la Cruz de San Fernando y el ingreso en dicha orden militar.

(Continuará)

 

Mª del Carmen Cascón Matas

 

PIES DE FOTO:

Foto 1: Fotografía de Tomás de Olleros Mansilla recogida en el libro de Manuel Olleros.

 

 

Impresiones, reflexiones y emociones de "Béjar, el placer del recuerdo" 

Carmen Cascón Matas.
En un Teatro Cervantes abarrotado de público, Antonio Sánchez Sánchez, amigo y colega bloggero, presentó su segundo libro dedicado a la recopilación de imágenes fotográficas antiguas de nuestra ciudad. La cita, que tuvo lugar el sábado por la tarde, había sido anunciada con la suficiente antelación como para que el público deseara expectante que el día llegara. Y llegó, efectivamente, y será recordado, no lo dudes querido Antonio.

Nos lo pasamos bien contigo y disfrutamos del trabajo inmensamente minucioso y cansado que supone el rastrear archivos públicos y viejos álbumes de fotos privadas, atesoradas como oro en paño en las casas de bejaranos ausentes y presentes, pero con alto riesgo de que el olvido y la desidia acaben tragándose los retazos de otras vidas ahí congeladas. 

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La gala comenzó con la presentación de Luis Francisco Martín y el prólogo de lujo de la bejaranaMaite Conesa, de la Filmoteca Regional de Castilla y León (con sede en Salamanca), quien nos preparó con sus sabias y sentidas palabras para el duro proceso mental que supone el recuerdo amargo y dulce de la contemplación de nuestro pasado a través de viejas y añejas imágenes. El escenario en todo momento lució una cara simpática, pues no en vano Óscar Rivadeneyra es un maestro en casi todo y más a la hora de impactarnos visualmente. Cuando saliste al escenario, Antonio, no lo hacías solo porque tenías allí a Cañanda (personaje bejarano muy popular, ya fallecido) enfundado en su traje de payaso, listo para salir al ruedo de la plaza a hacer reír a chicos y grandes. No podía salir de su cárcel de papel fotográfico, pero te puedo asegurar que sonreía mientras nos explicabas con garbo y gracia la sucesión de fotografías que, sin ti, hubiesen quedado relegadas al olvido.

¿Las fotografías son imágenes del recuerdo? El libro de Antonio se titula Béjar. El placer del recuerdo. Maite dijo al inicio de la presentación que a veces la contemplación del pasado no provoca placer, sino un sentimiento amargo de tiempo fugado sin remedio, de caras perdidas en la vorágine de los días, congeladas en la quietud inmóvil del papel fotográfico. Sin embargo, en el Teatro Cervantes me dio la impresión de que aquellos bejaranos nos saludaban desde el presente porque revivían en nuestra mente y corazones, haciéndose carne de nuevo a través del proceso complejo de la unión del pensamiento y el sentimiento, con más potencia si cabe al llevarse a cabo al unísono entre tantos paisanos allí reunidos.

Y lo bueno de tu trabajo, Antonio, es que no lo das a conocer una noche, disipándolo a medida que pasa una imagen y otra, sin solución de continuidad, sino que lo ofreces al público por medio de un libro ilustrado para que los lectores puedan revivir a esos bejaranos encerrados en el papel del pasado una y otra vez, en su casa, sin prisas. El libro, de pasta dura, consta de 160 páginas y se abre con una fotografía popular de un grupo de bejaranos en la Plaza Mayor, encabezados por un hombre tocando el tamboril y el famoso Cañanda, rodeando a una oveja. Los tenderetes de la Plaza le otorgan cierto aire festivo, mientras que el Palacio Ducal, mudo y sombrío, mira de reojo la escena, imponiéndola una severidad que los rostros festivos de los congregados desmienten. Tras el sumario y los agradecimientos a aquellos que han desempolvado de sus cajones las fotografías de sus seres queridos, poniéndolas en manos de Antonio para deleite de ojos ajenos, el propio editor del libro a la vez que recopilador, presenta estas páginas prologadas por Maite Conesa.

Una vez traspasado el umbral de las presentaciones, se abre un mundo conocido y alojado en el cuarto del olvido para algunos y nuevo y por descubrir para otros. Las fotografías, en todo caso, se agrupan de manera coherente y razonable, mediante nueve capítulos temáticos. De esta forma, los propios fotógrafos copan el primer capítulo, mientras que los restantes están dedicados a la ciudad y sus gentes, sus costumbres y tradiciones, su industria y modos de vida. En total 160 páginas de un mundo muerto, vivo en el instante mismo en que fue congelado para nosotros, ávidos contempladores de lo ajeno, por un paparazzi de otros tiempos. Unas 250 fotografías recopiladas por Antonio con cariño y dedicación con el fin de que disfrutemos de ellas.

Y como él mismo escribe a modo de presentación:
Volveremos los ojos hacia nosotros mismos sintonizando en blanco y negro nuestra carta de ajuste porque “Nada pertenece al pasado mientras los ojos de la memoria permanezcan abiertos”.

*Además Antonio presentaba en sociedad su nueva página web Documentos Béjar, cuya visita recomiendo.

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